jueves, 3 de octubre de 2013

LA MALDICIÓN DE CASANDRA

La sibila Casandra según el maestro Miguel Ángel

       Conocer las desgracias venideras y que nadie hiciera caso a sus terribles vaticinios fue el cruel castigo que el rubio Apolo asestó a la virginal Casandra por negarse a compartir libidinosos juegos amorosos al son de su lira. Mala leche tenían los dioses del Olimpo.
            
     La desesperanza de Casandra es el sentimiento que invade a quienes pretendimos que este blog no debía quedar en lamentos virtuales, ni en extravagantes rutas turísticas-reivindicativas.  Consideramos que, como palabras al aire que eran, su sino no era otro si no el de perderse como cenizas con el más leve soplo. Por mucho que retumbasen entre los decrépitos muros de esta Nueva Troya, vencida también por los pecados de sus gobernantes, nada impediría que sus ecos se ahogasen en el olvido de quienes miraban y siguen mirando hacia otro lado. Los vaticinios de la ruina de Jerez, como los de Troya, debían llegar directamente a los oídos de los que tienen gran parte de la responsabilidad de vencer el decidido avance de esta barbarie. Así surgió el tan traído y llevado, en los últimos días, Manifiesto del Patrimonio, y las denuncias que este blog ha abanderado a lo largo de estos años. Pero la bodega y el tabanco del Duque ya cayeron.

   Dejar que corran y se pierdan los días convocando la lisonjera Mesa de Casco Histórico es todo lo más que nuestras voces de alarma han logrado dentro del Ayuntamiento, propietario, repetimos por enésima vez, de ese conjunto, ya irrecuperable, y responsable de lo que le suceda al resto del conjunto histórico-artístico jerezano. 

   Una Mesa, mejor cama, para recostar cantaros vacíos, esos de los que decía Tagore que son los que más y mejor suenan, y que sólo servirá para que el Tiempo, ese Dios implacable que todo lo muda y que con las horas breves y su insolente guadaña nos lleva de la cuna a la sepultura, gane, antes de tiempo, la partida.

      Un poderoso contrario que la Asociación para la Restauración de Santiago, por su parte, -que aquí hay caña para todos- parece no temer, a razón del acompasado ritmo de eternos intervalos cuánticos en el que se están moviendo sus acciones.

     Mientras bajan o no del Mundo de las Ideas, nuestro Patrimonio cae de la misma irreversible forma que la arena dentro de la clépsidra.

     Ahora, desengañados lectores, que para otros no escribo, revisen el Manifiesto del blog y vaticinarán los siguientes decesos patrimoniales que nos aguardan, pero no esperen que nos hagan caso.


Juan Antonio Moreno Arana