sábado, 7 de diciembre de 2013

JAULAS VACIAS





Entro en la calle Larga, y me digo que no voy a volver a pasear por el centro de Jerez, como por el de otras “grandes ciudades”, si no es con altas dosis de narcóticos en sangre, que me haga insensible ante tanta ordinariez y destrucción. Pienso que esto de relatar la inexorable destrucción del Patrimonio urbano de esta ciudad y su sustitución por tanta zafiedad parece que me haya hecho hipersensible a todo. Puede ser que así sea. Porque es que paseo, digo, zigzagueo, por calle Larga hacia plaza Arenal y no veo más que cientos o miles de mesas y sillas, con sus respectivas sombrillas. Y junto a ellos otros cientos de paneles publicitarios, tan ostentosos como horteras, mostrando las viandas que ofrece el bar de turno. ¿Estaré hipersensible o será qué no se cumple la normativa municipal sobre veladores y elementos anexos? 

La exposición de pintura: un menú muy recomendable...

Continúo hacia Consistorio, y llego a la antiquísima plaza de la Yerba, donde en un tiempo pretérito, no menos imperfecto que el actual, estuvo cerca la picota, esa columna -reaprovechada segurísimo de un antiguo templo romano o iglesia mozárabe- donde malhechores, putos y otros energúmenos patrios sufrían el escarnio público aun incluso después de muertos. Llego a esta verde plaza, como digo, y de repente, colgadas de los árboles…¡¿jaulas?! – no sé si exclamo o me pregunto-. Aunque parezcan algún tipo de trampa para alimañas son, en realidad, lo último del despiporre lumínico navideño de este “I Año Triunfal de la Recuperación Económica”. 

De repente, como las encuentro vacías sin ningún Pájaro dentro, hago una lista de quiénes deberían estar encerrados en ellas, ya vivos o ya descuartizados, pagando por sus fechorías contra el Patrimonio de los jerezanos, como estrictamente lo dictaminarían las justas costumbres y leyes de antaño. La lista la encabezan, evidentemente por la cercanía, los munícipes y sus deudos. Pero no me detengo mucho; no vaya a ser que quien acabe enjaulado sea yo, por eso de estar intentando enmendar entuertos y de desafiar en desigual combate a tanto malandrín.

Por la Plaza Plateros paso saludando a los parroquianos, que ni se inmutan dándole que te pego a su tostá con jamón o a su relajada jarra de cerveza fresquita. Aunque más impávida está la torre de la Atalaya, que con sus largos años de poco puede maravillarse ya. 

Ya estamos pasando por el Carmen y sus casas ar-ruin-adadas. Nos acordamos un momento de un antiguo e inquieto maestro y de una señora con pamela que buscaba el Ayuntamiento y seguimos nuestro deambular refregándonos por las paredes para que no nos pille algún piloto de la F1 o de la Moto GP. 

cuatrocientos años no son nada.

Una calle que debería ser peatonal

La solución del Ayuntamiento: un parque con columpios.


Con los hombros y el pantalón estampados de suciedad llegamos a la calle de la beata Juana de Dios Lacoste (antigua Carpintería Alta). Le hacemos un rezo al bulto redondo de Sor Angelita, para que junto a la beata local intercedan en el cielo para que los vecinos que abandonaron la calle vayan directos al Infierno; de allí seguro que no se largan. Recordamos nuestra traviesa infancia en el viejo patio gótico del colegio El Salvador y el “cine de verano” del Astoria, abierto ahora para permitir el vergonzoso e incesante tránsito de bolsas de alimentos procedentes de la caridad del comedor del Salvador

¿Por qué hemos llegado a esto?



Por fin, llegamos al punto de destino: el tabanco de Duque y su bodega anexa, de la que hemos narrado y denunciado desde el 2010 el fin que estamos, ahora, contemplando. "Hicimos lo que pudimos" nos intentamos convencer.

Esta triste noticia vieja, este macabro espectáculo pre-navideño, nos trae otras visiones fantasmales a la mente. Nítidamente, como si lo estuviera viendo, la dieciochesca pensión de la calle Santa Rosa y sus tejados -tipología edificatoria que el PGOU ambiguamente sugería su conservación- trocados por un "elegante" pretil de cemento, azotea y futuro ático. O veo, como un profeta del Antiguo Testamento, el destino de los Palacios de Villapanés y de Riquelme representados en un palacio del Sanlúcar que, tras un largo abandono, le llegó el momento de rendir cuentas con el Tiempo y la Incultura. 

Pero ahora, después de este enésimo recorrido, todo lo veo con impasibilidad, como si yo mismo fuera la Torre de la Atalaya  a la que nada sorprende. Ni las lágrimas acuden ya a mis ojos, ni la Ira mueve mis ánimos ¿Estaré ya narcotizado?

La hornacina sigue siendo linda, por cierto.

Esperando su turno...

Cuando las barbas de tu vecino veas cortar...
(Palacio del siglo XVII en Carril de san Diego en Sanlúcar, próximo a ser demolido para que se reabra la calle)
Aquí, mucha jaula, pero todas vacías.


Juan Antonio Moreno Arana.

2 comentarios:

Mercedes Dominguez Gutierrez dijo...

Es una pena que se pierda el patrimonio de Jerez,cuando hoy en dia, todas las ciudades lo que mas cuidan es su casco antigüo que es parte de su historia.

loli galvez dijo...

Es una lastima que para reabrir una calle tenga que demoler el palacio del siglo XVII. Pienso que se lo tendrían que replantear ante de caerlo.